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  • Foto del escritorJorge Chapas

TRÁFICO EN LAS CIUDADES


Serie de tres artículos sobre el tráfico que fueron publicados en 2015 y 2016, pero de gran actualidad. Se hacen algunas actualizaciones.



Fotografía: Soy502.




Ninguno de los partidos políticos ni candidatos a las alcaldías municipales ha sabido, a mi criterio, identificar el problema de fondo que tienen las ciudades y centros urbanos. El desorden en estas jurisdicciones es generalizado: financiero, ambiental, de ordenamiento, transporte, ornato, etc. En principio es por el hecho de que, el municipio es el fiel reflejo del gobierno nacional. Si los municipios fuesen administrados bajo una visión de gobierno (municipal) limitado, muy probablemente otra fuese la realidad. Los municipios, en cambio, se rigen bajo la misma lógica de pequeños estados mercantilistas y benefactores, donde se privilegia a unos a costa de otros mediante tasas o arbitrios, subsidios y programas sociales clientelares. Son pequeños recintos donde pervive una lógica redistributiva y caudillista que contribuye solamente a perpetuar la pobreza, el desorden y la falta de oportunidades.


El problema del tráfico es uno que afecta a millones de guatemaltecos, y no me refiero exclusivamente a los vecinos del departamento de Guatemala. Ciudades y centro urbanos como Quetzaltenango, el Puerto de San José, Huehuetenango y Cobán son centros urbanos que padecen diariamente sus efectos, principalmente económicos y en la salud. En la Ciudad de Guatemala, el hashtag #TraficoGT es tema-tendencia siempre y a toda hora; el paso por Cuatro Caminos o Chimaltenango, por ejemplo, es un costo enorme en tiempo, calidad y precio de los productos. En la salud, muchas de las enfermedades respiratorias, gastrointestinales y nerviosas que padecen los habitantes de las ciudades encuentran su causa en el diario trajín del trabajo y la movilidad.


Este problema es el resultado de la centralización del economía y esta a su vez derivada de las innumerables trabas legales y permisos que deben superar los emprendedores. Por esa razón muchas empresas de servicios y logística, clientes y proveedores se localizan en los centros urbanos debido a las facilidades de infraestructura (estabilidad y precio de la energía eléctrica) y servicios (mano de obra calificada). Deriva también de la educación regulada (escuelas públicas) y menos-regulada (colegios privados) que no sólo exige métodos, contenidos y estándares poco útiles sino que obliga la movilidad de millones de niños desde muy tempranas horas. De la salud pública que en lugar de prevenir y sanar, mata y corrompe, del empleo regulado, que obliga la informalidad, de los servicios públicos caros, inaccesibles y de pésima calidad y de, principalmente, la ausencia de justicia en los tribunales y seguridad en las calles y avenidas. En fin, deriva del enorme tamaño del gobierno y de las funciones que deja de hacer o hace muy mal por hacer otras que no le corresponden.


El problema del tráfico no se corrige eficazmente con transmetros, ni ciclovías o carriles reversibles. Se corrige, en principio, descentralizando la economía y ello implica derogar miles de leyes que representan permisos y burocracia; en Nueva Zelanda, por ejemplo, se establece una empresa sociedad anónima en 0.5 días, mientras que en Guatemala requiere 24 (Doing Business, 2012). Esto implica densa movilidad hacia los centros urbanos, entre burócratas, intermediarios y empresarios, todos los días. De eliminar permisos e impuestos (tasas o arbitrios) muchos de estos trámites no tendrían lugar…dejarían de existir y no habría necesidad de venir a la gran ciudad a entregar cientos de papeles y fotocopias que nada abonan a la productividad.


La mala calidad de las carreteras es otro factor al cual obedece la ineficiente movilidad en las ciudades y centros urbanos. Eso del “bacheo” no existe en las culturas que se rigen por el valor de la excelencia…aquí es la respuesta a la mala calidad con la que se diseñan las carreteras desde un inicio. Las arterias principales están "bachadas" y dificultan la movilidad del tránsito a una velocidad constante. Además de ser el marco perfecto para la corrupción a través de la sobrevaloración, las calles y avenidas nos cuestan el triple: con nuestros impuestos primero, en el combustible por el sobreconsumo y cada vez que pagamos en los talleres los desperfectos de nuestros vehículos.


La tecnología y el emprendimiento guiado por el ético incentivo del lucro ha sabido ofrecer soluciones inteligentes. Hoy en día muchos guatemaltecos se apoyan en aplicaciones de telefonía celular que les permiten decidir horarios y rutas de movilidad. Se construye también la primer carretera privada, la cual será administrada totalmente por emprendedores que, mediante un sistema de precios, sabrán prever y evitar cualquier obstáculo (desde un simple "hoyo" o deslizamiento, hasta un complejo bloqueo de carreteras por grupos de interés, muy a la orden del día actualmente).


Pero muy poco se puede hacer en lo pequeño, el municipio, si el ámbito nacional no sufre cambios radicales en su funcionamiento. Esto, por ahora, está muy lejos de suceder…al menos mientras los guatemaltecos permanezcan seducidos en exceso por el circo que ofrece la clase politiquera actual. Continuaré.




En mi artículo anterior elaboré sobre lo que considero es el problema de fondo del congestionamiento vehicular que vivimos diariamente en las ciudades, grandes y pequeñas de toda Guatemala. Mi tesis central es que el desorden generalizado obedece, por principio, al sin fin de actividades que hacen los gobiernos municipales, en tanto reflejo del gobierno central, restando importancia a sus funciones propias: seguridad, justicia y algunas obras públicas, de buena calidad. Como las municipalidades usurpan responsabilidades privadas, aquellas que verdaderamente les corresponden las hacen tarde, mal y nunca.



Fotografía: La Hora.


El tráfico es otro síntoma de aquella usurpación de funciones. Este fenómeno urbano más propio de los países pobres es [también] causado en buena medida por el deficiente transporte urbano en tanto “servicio estatizado”. Y esto no es nada nuevo o espontáneo, es el resultado de aplicar la medida No. 6 del Manifiesto Comunista de Marx (1848), el cual reza: "centralización en manos del Estado de todos los medios de transporte".


El transporte público no sólo es de pésima calidad, sino que verdaderamente constituye un riesgo mortal para los usuarios. El robo y los asesinatos, sea de pilotos, ayudantes o usuarios, son ya parte de la cotidianidad, dejando miles de huérfanos y viudas en el camino. Pero el crimen y las extorsiones que rodean aquel precario servicio no es fortuito ni producto de burda delincuencia, obedece realmente al interés que suscita el subsidio otorgado por el gobierno, el cual asciende a 300 millones de quetzales para 2022. ¡Tanto dinero para tan poco!


La noble intención de beneficiar a los más pobres termina perjudicándolos directamente. Pero ningún alcalde de turno ni los candidatos actuales, ha tenido el valor o la claridad de ideas como para proponer eliminar aquellos subsidios, en tanto privilegios que se da a unos (pseudo-empresarios) a costa de otros (tributarios), nuevamente de forma coercitiva y bajo la noble intención de beneficiar a los más pobres. Pero son estos últimos nuevamente los que pagan la factura, algunos con la vida o la propiedad, los menos afectados con estrés y baja productividad. Cuando un “empresario” es subsidiado no otea nuevas oportunidades y formas de satisfacer a sus clientes, se acomoda. Sencillamente no se ocupan de la eficiencia ni de la calidad, se ocupan más bien de satisfacer a quienes dictan las leyes que les protegen, sus clientes son los políticos.


La solución a este problema pasa entonces por eliminar esos subsidios, privatizar, desregular y abrir el mercado del transporte público a la libre competencia. Ello implica libertad para establecer condiciones en el servicio (con lo cual probablemente se establezcan nuevas rutas) y libertad para establecer precios (con lo cual probablemente se estipulen con base a la realidad, sin distorsiones); al contrario de lo que popularmente se cree sobre que los precios aumentarán, posiblemente al inicio, pero cuando la competencia tome efecto, y eso tiende a ocurrir de súbito si se combina con otras medidas (e.g. eliminando el impuesto a los combustibles y reduciendo el tamaño de los gobiernos, municipales y nacional), pasará lo que hoy ocurre con la telefonía celular, habrán precios para todos. Surgirán así rutas cortas, buses menos contaminantes y seguros, formas de pago vía internet, las unidades tendrán WiFi y el “brocha abusivo” quizás pase a ser guía turístico. Esta medida, por supuesto, es impopular, pero es la correcta por ser moralmente válida. Seguir insistiendo en el caro, obsoleto y corrupto sistema de “transurbanos” y “transmetros” no corrige el problema de fondo.


Otro problema que no advierten con frecuencia los politiqueros de turno ni los aspirantes al poder, es el desorden que significa el transporte pesado de bienes y su paso por las ciudades principales. Aquí, además de más y mejor infraestructura (anillo metropolitano, pasos a desnivel, etc.) es impostergable construir un sistema de trenes subterráneos para el área metropolitana y uno superficiario para el resto del país. Este sistema de transporte es, en cualquier parte del mundo, incluso en países más pobres, tan común como útil. Es evidente cómo, durante las horas “permitidas”, los principales ingresos a la ciudad de Guatemala, por ejemplo, se saturan de transporte pesado; uno tras otro, los contenedores forman una especie de tren articulado que se mueve lentamente, afectando no sólo la calidad, precio y tiempo del producto, sino el tráfico vehicular en toda la ciudad. Todo ese transporte podría estar pasando por fuera de las ciudades o llegando a puntos desde los cuales el transporte fuese más liviano, evitando así la movilidad de estos por calzadas, calles y avenidas muy angostas. Ni las restricciones de horario ni los carriles reversibles han sido solución eficaz.


¿Y el costo de un proyecto de esta magnitud? No importaría…mientras se desarrolle bajo un sistema de gobierno limitado, mercados libres y propiedad privada. No de empresas-estatales ni de alianzas público-privadas, sino uno alentado directamente por la búsqueda de ganancias mediante licitaciones o concursos públicos. Es importante aclarar que una cosa son los "medios de transporte", los cuales deben ser enteramente privados, y otra cosa muy distinta son las "vías de transporte", en las cuales, como bienes públicos, podría tener alguna injerencia el Estado, bajo su función natural de administración de obras públicas y siempre acudiendo a mecanismos de privatización y mercado. ¡En Guatemala, el absurdo es tan grande que lo único sujeto de innovación es el museo donde se conserva el tren que funcionara hace un siglo!


Pero nada de lo anterior será posible si no logramos que las municipalidades, como fiel reflejo del gobierno nacional, se limiten a lo suyo y dejen en nuestras manos todo aquello que no les corresponde. Entre tanto, los gobernantes no dejarán de planificar centralizadamente nuestras vidas y movilidad, limitando de esa manera la creatividad de los empresarios para alcanzar soluciones más eficaces, baratas y amigables con el ambiente.



San Waze


El tráfico continua siendo un drama cotidiano por sus graves repercusiones para la salud física y mental de los guatemaltecos, principalmente los que vivimos en las ciudades más grandes. En mis dos columnas anteriores he ofrecido una perspectiva diferente al problema y hoy pretendo abonar a aquel análisis.



Fotografía: Archivo.


He dicho, en esencia, que el tráfico no es sino otro efecto del estatismo, concretamente de la centralización de la economía y de la política. Todo ocurre en los centros urbanos y mientras más atribuciones, poderes y presupuesto otorguemos a los gobiernos, nacional y municipales, más aumentará su influencia sobre nuestras vidas y menos harán el trabajo que deben hacer.


La movilidad en una ciudad es un fenómeno complejo. Máxime en días de lluvia y viento, pues ello causa estragos de todo tipo: avenidas inundadas, árboles derribados y rótulos caídos.


Y aunque ciertamente es indiscutible la capacidad de Amílcar Montejo y Cía. para facilitar la movilidad en horas pico, es también evidente que este fenómeno lo supera. La autoridad centralizada sencillamente no será capaz y es necesario complementar ese esfuerzo con otros de naturaleza “descentralizada”.


El mercado ya ha generado soluciones interesantes. Por un lado, la carretera privada Vía Alterna del Sur (VAS) que, mediante los precios, asignará de manera más eficiente el espacio escaso para transitar hacia dentro y hacia fuera de la ciudad de Guatemala. Permitirá ahorrar tiempo y por tanto dinero; será más segura y en un futuro hasta se convertirá en una especie de corredor biológico.


Por otro lado, funciona ya una solución que a mí me parece extraordinaria: el Waze. Esta aplicación ya muy utilizada por los guatemaltecos ha facilitado el tránsito considerablemente. A ella subyace la premisa del “conocimiento disperso”. Somos todos los “wazers” los que alimentamos la plataforma, ella cruza información sobre la base de mapas geo-referenciados y nos indica las mejores rutas para transitar por la ciudad. Te ofrece un tiempo estimado de llegada y con ello te vacuna ante el estrés que significa no saber si llegarás puntual.


El Waze es una comunidad, una red social que permite ayudarnos sin necesidad de conocernos. ¿Te suena algo parecido a lo que planteamos los liberales como “mercados libres”? Sí. Es justo ese proceso. Todos, buscando nuestro propio interés, favorecemos a los demás cuando mantenemos activado el sistema, y aún más cuando enviamos algún alerta de tráfico, estación de policía, accidente y hasta precios de combustible. ¡Facilita incluso el agradecimiento anónimo!


Bien dice el periodista liberal John Stossel que “si los innovadores permanecen creando nuevas y mejores cosas más rápido de lo que los reguladores puedan destruirlas, nuestro futuro verá sin duda mejores días”. Desde luego, lo importante es no permitir que los reguladores las destruyan, sino más bien que los innovadores tengan más libertades para construir y para innovar. En tal sentido, urge que emerja un proyecto político que comprenda de economía libre, de bienes públicos, de propiedad privada y de gobierno limitado, y que busque los votos para convertir esas ideas en políticas públicas.


Desde este recóndito espacio para ellos, felicito a los tres israelitas creadores de Waze. Y por supuesto a todos los Wazers de buena voluntad que andamos por ahí haciendo de nuestro tiempo algo que valga la pena contar.


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